Papá, me gustaría escribirte una canción que quedara marcada
para siempre en la posteridad y dedicarte, de un gran poeta,
unos versos que ya estuvieran en ella.
Un poema y una melodía que hablaran de
la libertad, el mar, el viento, la tierra y la vida.
Pero no puedo, no domino ningún instrumento,
y por más que busqué en los poemarios a mi alcance,
no encontré en la lírica ni soneto ni rima que licuase
la libertad, el mar, el viento, la tierra, la vida y mi corazón,
todo en el mismo potaje.
Por eso te escribo esto hoy que es tu gran día, padre,
nuestro gran día.
Y lo hago esta mañana que el viento mece mis cabellos,
sentado sobre la tierra de un jardín de Madrid,
justo donde el pasto crece sin pedir permiso,
ensoñando el mar y su rumor constante e hipnótico
(aunque quizá sólo sean los coches que se escuchan a lo lejos),
evocando la vida en cada grieta, en cada sollozo y anhelo;
en cada rayo solar y en cada patio escolar.
Esto es libertad. La libertad de ser y sentir.
En mi México y en tu México, papá, aún no amanece,
nos separan siete horas de diferencia, un océano
y unas malditas aduanas que no nos dejan llevar el tequila en la mano,
ni pasear libremente de un país a otro, de una vida a otra.
Despierta, padre, abre los ojos, sécate las lágrimas,
controla tu corazón impaciente, respira hondo,
levántate y empaca las pertenencias que aún quieras conservar,
alza el pecho y el semblante porque el mundo te espera.
Hoy cumples nueve años en prisión y pagaste debidamente tu castigo,
la sociedad se ha vengado de ti, has cumplido tu condena:
libertad al fin.
Que no te dé vergüenza, no escondas el rostro
ni esquives las miradas de tus hijos, de tu hermana y de los que te quieren.
Mejor ríe y relátanos un capítulo de la historia de tu vida,
tu infancia, adolescencia o lo que quieras,
da igual, incluso cuéntanos algo de cuando todavía ni nacías,
así sólo como tú lo sabes narrar, detallando tanto.
Mejor abrázanos, no seas egoísta, y déjanos sentir tu cálido carácter.
Nuestro amor por ti es como el mar: eterno.
¿Y ahora qué harás?
Seguro estoy que tus alas no se han estropeado del todo en estos años de cautiverio.
Despliégalas y a ver qué tal. Seguramente será complicado porque todos los inicios lo son.
No desesperes, papá, poco a poco se vuelven a domar los vientos.
Alégrate, mi viejo, ahora no hay celdas ni paredes que detengan o limiten tus sueños.
Ahora puedes levantarte de la cama una mañana y en vez de imaginar el lugar donde naciste, puedes,
si te apetece, viajar a él.
Descuidada y vacía se ha visto la casa donde creciste;
descuidada y vacía ha estado Las Colonias, Apatzingán, tu tierra, sin ti.
Así es, Francisco Negrete Barragán, la fortuna te da otra oportunidad.
¿Qué ves, qué sientes, qué resaltas
y qué quisieras olvidar de estos nueve años
en la oscuridad cuando buscas, rebuscas
y remueves en tus recuerdos?
Habrá de todo un poco, supongo:
Amigos, dolores, traiciones, atardeceres, silencios,
miedos, canciones, cartas, enfermedades, deudas, gritos,
fiebres, planes, muertes, reencuentros, penas, infiernos, fatigas,
llamadas perdidas, épocas olvidadas, trámites denegados, ruegos,
humillaciones, rencores, amores, días interminables, amenazas, sobornos,
espejismos, esperanzas...
Ya no envidies a esos pequeños pajaritos
que reposan del vuelo dentro de la prisión,
en un cable, en una rama, en alguna cornisa
o en cualquier lugar, que enseguida vuelven
a emprender su camino, antojando a los reos,
dejándolos fantaseando con la posibilidad…
Persigue su vuelo, únete a ellos,
ahora ya eres libre, papá.
1 comentarios:
Me da mucho gusto que ya esté libre... =)
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