Entrada original para Fac Magazine, el día 5 de febrero del 2013 (a 66 años de la muerte de este escritor).
El bebedor
de Hans Fallada, seudónimo de Rudolf Wilhelm Friedrich Ditzen (21 de
junio de 1893, Greifswald - 5 de febrero de 1947, Berlín), es una novela
parcialmente autobiográfica que relata la espiral autodestructiva de
Erwin Sommer, un respetable comerciante de productos al por mayor de una
pequeña ciudad de Alemania, que sucumbe a la bebida, zozobrado por una
mala racha personal y profesional. El alcohol, una de tantas adicciones
que afectaban al propio Fallada (murió finalmente por una sobredosis de
morfina a los 54 años de edad), poco a poco pero de manera contundente
va degradando moral, ética y físicamente al protagonista de este relato
al punto de que, primero, roba y amenaza de muerte a su mujer, y,
segundo, es aprisionado preventivamente para luego ser trasladado a un
sanatorio donde transcurre gran parte de la historia. La vida de Hans
Fallada estuvo marcada por la locura y la desgracia, por lo que su paso
por instituciones psiquiátricas y la cárcel fue constante. Siendo
adolescente intentó suicidarse junto a un amigo suyo, pero el plan se
frustró y lo único que consiguió fue que le acusaran de asesinato,
ingresando por primera vez a un hospital para enfermos mentales. Tuvo
varios trabajos, entre ellos el de contable, en donde se apropió de
dinero que no le correspondía y le condenaron a casi tres años en
prisión. Luego de varios vaivenes similares, en 1944 regresó a la cárcel
tras una disputa con su esposa en donde disparó un arma de fuego, según
el autor, de manera accidental. Ahí, en espacio de dos semanas,
escribió a escondidas El bebedor, garabateándola de forma casi
ilegible, escrita en un código personal, temeroso de que le pudiesen
requisar su obra. No fue hasta 1950, tres años después de la muerte del
escritor, que se pudo descifrar el texto y publicar en Alemania. Desde
entonces, esta novela había permanecido inédita en castellano hasta que
Seix Barral (que también ha publicado En mi país desconocido. Diario de la cárcel, 1944, otra obra realizada en esta accidentada época que vivió Fallada) la ha editado en mayo del 2012. En El bebedor, que ha sido comparada con El jugador
de Dostoievski, Hans Fallada nos describe, más que la historia de un
bebedor, las consecuencias de haber bebido inconscientemente. Su prosa
es directa, cruda y desinhibida; no deja de lado su sentido del humor,
pero sobre todo, y a pesar de que su historia evoca mayoritariamente
imágenes agrias y penosas, consigue conmover y enternecer por su
sinceridad y transparencia sentimental. Su personaje, Erwin Sommer, no
procura ser simpático ni ejemplar. En El bebedor no hay
referencias directas al régimen nazi (que estaba a poco de caer cuando
se escribió esta novela), pero sí las hay entrelíneas: Fallada describe
los mecanismos visibles e invisibles de la prisión y del centro
psiquiátrico al que va a parar su personaje. Instituciones cuyo modus
operandi nos recuerdan un poco a los campos de exterminio, en donde unos
demenciales poderes sin misericordia reprimían o desaparecían cualquier
indicio de humanidad o sentido común. La parte del sanatorio es, sin
duda, el momento en el que más escalofríos podrá sentir el lector porque
Hans Fallada describe detalladamente la situación infrahumana con la
que se trataba a los enfermos. “En esta horrible casa se reunía el
último desecho de la humanidad”, concluye Erwin Sommer. Espeluznante y
crudo testimonio de un espíritu atormentado y dominado por sus
debilidades.
Entrada original para La Factoría el día 21 de diciembre del 2012 (el Fin del Mundo).
La noche del 20 de diciembre
tuve sueños agitados: un ave negra con alas blancas y rojas, de larga
cola, que medía menos de un metro, de ostentosa belleza, rompía
estruendosamente la ventana de la terraza de mi casa y se postraba en el
respaldo de una de las sillas del salón. Se le veía cansada y puede que
incluso herida. Me encontraba a cierta distancia de ella y me miraba
fijamente. Sentí miedo. Sin que me quitara el ojo de encima me acerqué
poco a poco y, cuando la tenía a medio metro, el animal abrió el pico y
emitió un graznido ronco, continuo, estentóreo. El graznido se
transformó en una masa sónica de gritos y chillidos dolorosos de niños,
mujeres y hombres que subía más y más de volumen. Me tapé lo oídos y
grité. El ave entonces dirigió su mirada a la ventana que había roto y
desplegó sus alas, volando. La perseguí pero los vidrios me hirieron los
pies, descalzo como iba, y cuando llegué a la ventana, de puntillas, ya
sólo veía un punto negro que se alejaba.
Desperté. Era ya de mañana, las ocho o casi. Sentado al borde
de la cama, sin poder quitarme el sueño de encima aún y con los
sentimientos agitados por esa inquietante visión, recordé, sin venir a
cuento, la risa de mi madre. Una risa suave, chispeante y con un cierto
deje reprimido. Este recuerdo me confortó, aunque también me sentí
culpable porque llevaba ya varios días sin saber nada de ella. Me
prometí llamarla esa misma noche.
Estrella, mi pareja, dormía todavía aunque mi agitación física
y espiritual la revolvió un poco entre la sábanas. Salí silenciosamente
de la habitación para dejarla descansar.
Fui a la terraza y observé la calle. Era 21 de diciembre: otro
Fin del Mundo más, según la fantasía popular. Los mayas eran tan sólo
la excusa (como lo fueron los ordenadores y aparatos electrónicos en el
2000), puesto que ni siquiera habían predicho eso, sino tan sólo un
cambio de era que iba a ser acompañado de algunas supuestas catástrofes
naturales, ya que creían que el universo y el tiempo progresaban de
manera cíclica. Pero, ¿no hay todos los años desastres naturales?, ¿no
vemos todos los años en la noticias lo que ha dejado tras de sí un
tsunami, un terremoto, un huracán o el desbordamiento de un río?
En la calle todo transcurría como cualquier otro día: el
supermercado de enfrente recibía a los proveedores con desgana, los
abueletes hacían un esfuerzo mayúsculo al arrastrar el carrito de la
compra, el frutero abría perezosamente la persiana de su local, las
madres y algún padre salían apresuradamente del portal empujando a sus
hijos para llevarles al último día de clases de la semana, algunos
encorbatados se dirigían como zombies (este era, de hecho, la única
señal apocalíptica de la jornada) al metro o a coger el autobús. Era una
típica mañana en Madrid (y podría serlo en cualquier otro lugar del
mundo). En el horizonte, la neblina ocultaba el centro de la ciudad.
Encendí la radio y a los pocos segundos comprendí que hablaban de las
mismas cosas intrascendentes de siempre y discutían e informaban sobre
los mismos problemas habituales de los últimos meses. Que si el
entrenador del Barça tiene cáncer, que si el Ministro Wert ha dicho una
burrada cualquiera, que si la policía hizo bien o no en cargar contra la
manifestaciones que reivindicaban la sanidad pública, etcétera.
Estrella despertó y me dijo que luego de desayunar iba a salir
a la calle a hacer varias tareas pendientes. Le respondí que regresara a
la hora de comer con bastante apetito porque prepararía cocido
madrileño. Por la noche iríamos al concierto de los Vampirozombies, un
conjunto de amigos que tocan rockabilly.
A pesar de todo me sentía un poco estafado, como esos niños
que esperan impacientemente la Navidad o su cumpleaños, sólo para
descubrir que sus regalos no eran lo que sus fantasías habían creído,
sino cosas aburridas y rutinarias como un pijama o un jersey bordado por
la abuela. No es que hubiese creído en el Fin del Mundo, pero sí que,
al meditarlo, lo deseaba. Es decir, ¿quién no está cansado de que en el
mundo exista tanta gente miserable, nefasta, mediocre y malvada? La idea
de desaparecer colectivamente me parecía justa, necesaria y merecida.
Así de paso me ahorraría un par de deudas y un montón de años negros por
venir estando las cosas como están, tan inestables, hostiles y al borde
de alguna otra gran guerra. Mis sentimientos eran, supongo, como los de
cualquier otro ciudadano de mis características socio-económicas,
fatigados como estábamos de vivir en un mundo que no era nuestro, sino
de personas más ricas, perversas y violentas que nosotros. Un mundo que
nos colocó un invisible grillete al nacer en el que se lee con letra
pequeña “Propiedad del Capitalismo”. No éramos otra cosa mas que carne
de cañón de la Historia. Vidas frustradas que jamás cumplirían sus
sueños o desarrollarían todo su potencial, no porque no tuviéramos ganas
o habilidades, sino porque estábamos destinados a trabajar para otros,
subyugados de por vida. Así que la idea de la muerte, como desde hacía
muchos años, me parecía confortable, como quien ha emprendido un cansado
viaje y en la recta final sólo desea lavarse el cuerpo, comer un bocado
y sumergirse en el algodón de la cama, rendido ante Dios.
Así, abstraído en mis pensamientos despedí a Estrella del
piso. Sin saberlo, iba a ser la última vez que nos veríamos. Nos
despedimos de la forma más natural, sin adornos ni florituras, sin
signos ni simbologías extrañas o trascendentales. Simplemente no lo
sabíamos.
Horas después, luego de haber ido al mercado y preparado el
cocido con toda normalidad, llamé a Estrella porque pasaban de las
cuatro, una hora ya tarde de la que solíamos comer. Pero su móvil no
comunicaba. De repente, me sentí un poco mareado pero al poco rato se me
pasó. Intenté llamar de nuevo a las cinco. Y nada. Sin saber muy bien
qué hacer, encendí la radio y ya no hablaban ni de La Liga ni de Rajoy
ni de la crisis económica, sino de una explosión que había ocurrido
momentos antes en el centro de la ciudad. Encendí la TV y,
efectivamente, los reporteros se dirigían a la cámara consternados, sin
poder disimular el miedo del todo. Seguí intentando llamar a Estrella
pero un bullicio creciente que venía de la calle me distrajo y corrí a
ver por la ventana: una avalancha humana corría atropelladamente de
izquierda a derecha por todo lo ancho de la calle, no sólo personas de
todas las edades sino también perros y ratas, unas ratas inmensas, casi
del tamaño de algunos perros pequeños, que salían a borbollones de las
alcantarillas emitiendo unos chillidos bastante grotescos, como si
tuvieran plena consciencia de lo que estaba por ocurrir, aún más que los
humanos. En las ventanas de todos los edificios que alcanzaba mi
mirada, los vecinos se asomaban para ver lo que pasaba. En medio de la
confusión un grupo de gente salía del supermercado con carritos llenos
de productos, corriendo a quién sabe dónde. El frutero trató de cerrar
su local, pero fue empujado por unas personas que se llevaban todo lo
que podían cargar. Las alarmas de los coches aparcados empezaron a
saltar progresivamente porque muchas personas se introducían en ellos a
la fuerza, golpeando los vidrios, intentando luego hacerlos arrancar. Un
anciano, desde la ventana de un primer piso, gritó “¿qué coño pasa
aquí?”, y le vociferó un chico joven, como de veinte años que iba en
chándal y en deportivas, con pinta de poligonero, que estaban estallando
bombas por todo Madrid y que ellos venían de salvarse justo de una que
había detonado cerca del Estadio Olímpico (que está a unos 40 minutos
andando). Le conminó: “Al loro, yayo, tiene que pirarse de la ciudad
como pueda”. ¿El Estadio Olímpico?, pensé confundido, ¿quién iba a
querer hacer estallar una bomba ahí, donde casi no hay gente ni nada?
Pero más extrañado aún me pregunté, ¿la gente a dónde corre? Pero no
pude vaticinar mucho sobre el tema porque en la TV mostraban el centro
de Madrid desde la vista aérea de un helicóptero en directo. Ahí donde
debería de estar la Puerta del Sol, la Plaza de Oriente, el Palacio Real
y la Plaza Mayor, sólo había un inmenso cráter que, según las palabras
del reportero, podría ser del tamaño de casi tres kilómetros a la redonda.
¡Tres kilómetros de destrucción!, ¿qué bomba tiene ese alcance y con
qué objetivo? Saliendo del perímetro del cráter, en la calle Alcalá algunos
edificios estaban a medio caer o en llamas. La policía, los bomberos, la
Guardia Civil, los militares, todos estaban por ahí. Mi boca estaba
seca y mi estómago revuelto. Fui a la cocina y en vez de beber agua,
destapé una lata de cerveza y me la bebí de un trago. Total. Volví a
sentir mareo pero me di cuenta esta vez que era provocado por un
temblor. Las lámparas se balanceaban cadenciosamente y algunos objetos
de la estantería del salón cayeron al suelo. Pero pasó. La calle lucía
ahora como un escenario donde hubiese ocurrido una batalla, las alarmas
de los coches que no pudieron robar seguían aullando y ya sólo quedaban
corredores aislados, que iban jadeando o tratando de hablar por teléfono
móvil sin ninguna suerte. Gradualmente grupos de familias salían de los
edificios, apurados, consternados, algunos incluso con ropa de estar en
casa, huyendo a quién sabe dónde y de quién sabe qué. Todo me parecía
de lo más confuso. Llamé de nuevo a Estrella pero sin ninguna esperanza.
Traté luego de llamar a mis amigos los Vampirozombies y nada. Llamé a
todos y cada uno de los amigos que tenía en Madrid, que en su mayoría
había conocido en bares, y nada. Traté de llamar a México, a ver si mi
familia estaba al tanto y quizá también decirles mis últimas palabras,
pero nada de nada. En la TV decían los reporteros que no sólo en Madrid
estaban ocurriendo este tipo de incidentes, sino que también en otras
partes de España, y no sólo eso, sino que en Francia, Portugal, Italia,
Alemania, el Reino Unido y el resto de Europa también, y que la cosa no
acababa ahí, sino que en Oriente Medio estaba pasando, y en Asia, y en
África, y en América; en todo el mundo. Advertían que era difícil
comunicarse porque al parecer varios satélites habían sido destruidos o
se habían desintegrado por explosiones en la exósfera sin saberse
todavía bien los motivos, así que no funcionaban a plenitud
prácticamente ningún tipo de telecomunicación por el momento. En ese
instante cortaron bruscamente la transmisión porque el presidente del
gobierno, Mariano Rajoy, se disponía a dar un mensaje. Su semblante era
serio y nervioso. Sin embargo su mensaje era tranquilizador. Pidió que
no cundiera el pánico entre los españoles porque todo saldría bien, ya
que se había salido de peores. Sus palabras resultaban tan ridículas e
inverosímiles como lo habían sido desde que empezó su mandato de
recortes e intolerancia. Justo en ese momento ocurrieron los siguientes
eventos por este orden: un temblor mucho más fuerte que el anterior
derribó las estanterías del salón y de otras partes de la casa y algunas
paredes se cuartearon, yo me resguardé debajo de una mesa hasta que
pasó todo y desde ahí vi que en la TV Mariano Rajoy se percataba del
sismo. Luego de un breve pero intenso silencio incómodo y confuso se
cortó la retransmisión e incluso la señal de ese y todos los canales.
Entonces, se fue la luz.
El día comenzaba a oscurecerse. Salí de mi piso y probé a
encender las luces de los pasillos del edificio y nada. Comprobé que
muchas puertas estaban abiertas porque los inquilinos habían abandonado
de pronto sus pisos, fugándose a saber dónde, ¿es que había un sitio
seguro ahora? Mis pasos hacían eco por los pasillos y desde el quinto y
último piso una voz gritó: “¿quién anda ahí?”. Respondí que era un
vecino y subí para ver de quién se trataba. Era una señora mayor que me
resultaba familiar de haberla visto en los pasillos a lo largo de mi
estancia. Le pregunté que dónde estaba su familia, me respondió que
todos habían salido huyendo hacia un pueblo de la Sierra de Madrid,
donde ellos tienen una casa de verano, y que se habían olvidado de ella o
que la habían deliberadamente abandonado. Me lo dijo sin dramatismo,
resignada pero sin entrever demasiada tristeza. Alegó que Cristo estaba
con ella, que Él jamás le abandonaría. Que si era el día del Juicio
Final, ella no tenía miedo porque había obrado como buena creyente
durante toda su vida. Me preguntó por mi familia y le respondí que
estaba en España sin ellos. “Un hombre nunca debe estar lejos de los
suyos”, me respondió. Me invitó a entrar a su piso, a hacernos compañía
mientras todo terminaba, pero yo le dije que lo mejor que podría hacer
era salir a buscar a mi mujer. Le quise convencer de que si se quedaba
podría morir aplastada por otro temblor pero me dijo que ella iba morir
donde estaba toda su vida, que no pensaba correr porque el Señor ya
sentaría sentencia sobre todos. Me despedí de ella y volví a mi piso. Me
tomé otras dos latas de cerveza tranquilamente (me fue difícil acceder a
ellas porque el refrigerador también colapsó con el último temblor) y
escuché algunas de mis canciones y piezas favoritas en el iPod, sentado
sobre el sofá del salón. Me arrepentí de no haberme releído mi libro
favorito, de no haber visto de nuevo mi película favorita, ¡de no haber
llamado más a menudo a mi madre!, de haber desperdiciado tanto tiempo en
idioteces toda la vida, de no haber amado a nadie con todas mis
fuerzas, de ser tan egoísta, de no haber escrito más y mejor, de haber
reñido tanto con mi hermano menor cuando éramos pequeños, de haberle
tenido miedo a la idea de enfrentarme a la creación musical, y de tantas
cosas…
Tan metido estaba tratando de expiar mis culpas a través de la
música que estaba escuchando que no me había percatado que una bella
ave negra con alas blancas y rojas, de larga cola, me observaba
atentamente parada desde el respaldo de una de las sillas del salón. No
me asusté, más bien era como si la estuviera esperando. Me quité los
auriculares y guardé el reproductor en mi chaqueta. Me puse en pie. Me
acerqué a ella pero justo cuando alcé el brazo para tocarla, ella
desplegó sus alas, emprendió el vuelo y la seguí hasta topar con la
ventana. Fuera, el día estaba a punto de morir y como no había luz
eléctrica en toda la ciudad, la oscuridad comenzaba a comerse al mundo.
El ave planeó en círculo un par de veces y fue a parar a una de las
ramas de un árbol de la acera de enfrente. Graznó desde ahí, y yo lo
interpreté como si me estuviese esperando, como si me pidiera que la
siguiese. Busqué una linterna en el trastero y salí del edificio. Cuando
me acerqué al árbol, el ave voló al siguiente, y luego al siguiente y
así sucesivamente. A veces la perdía de vista pero ella graznaba para
dirigirme. En la calle ya no quedaba nadie, como si ahí nunca hubiese
habido vecinos desde hacía años. Algunos edificios estaban en llamas y
los comercios vandalizados. Cuando llegamos al Parque Arriaga, en uno de
los bancos observé a un vagabundo desnudo que se reía escandalosamente.
Le dada largos tragos a una botella de vino. A su lado estaba un
carrito del supermercado lleno de licores, que seguramente había
extraído él mismo, y una improvisada hoguera que había hecho con un
contenedor de la basura. Hablaba solo, en voz alta y decía cosas como:
“¿Los veis?, todo a tomar por culo, cabrones. ¿Sienten ahora el
sufrimiento, el desamparo y la pesadumbre? ¡Mamones, todos! Vuestra
falta de valores ha derivado en esto, ilusos. ¡Vosotros, que no creíais
que nada os pasaría, que tenías el culo a salvo para siempre! ¿A la
próxima os pensaréis dos veces ignorar a un pobre como yo, que pide sólo
un poco de ayuda, miserables migajas apenas? ¡Ja, lo dudo porque todo
se va a tomar por saco!, ¡ja, vosotros que vivisteis una vida de
esclavos, trabajando desde que amanecía hasta que anochecía para nada!”.
Se reía, bailaba y cantaba el hombre, probablemente nunca antes había
sido tan feliz. Entretanto, el ave me graznaba. Me llevó hasta el
Cementerio Civil, en el cual entramos sin problemas porque la puerta
estaba abierta. Pasé al lado de la tumba de Pablo Iglesias, fundador del
Partido Socialista Obrero Español y de la Unión General de
Trabajadores. Le hice una discreta pero sincera reverencia y me lamenté
por la España de hoy, tan lejana a la que Pablo Iglesias hubiese
querido. El ave se detuvo en la lápida de una tumba que estaba casi al
final del pasillo central. Me acerqué a ella y la alumbré con la
linterna. Decía la inscripción: “Francisco Negrete Mendoza. 1987
(Morelia, Michoacán, México) – 2012 (Madrid, España)”. Y a forma de
epitafio ponía: “No he esperado nada de nadie ni de la vida, por eso he
estado en paz”.
Miré al ave y sonreí. Entonces, un resplandeciente punto rojo
emergió del cielo abierto. Lentamente crecía de tamaño conforme caía a
tierra, iluminando cada vez más los contornos. Concluí que aquello era
una especie de meteorito a escasos minutos de hacer impacto. De pronto
me sentí liberado, sin tensiones ni preocupaciones. Mi mente estaba
despejada y clara. Ya no había nada que hacer. Acariciando las plumas
del ave, comprendí que era un mensajero de la Muerte o incluso ella
misma. “Así que por fin nos encontramos”, le dije. Me acosté sobre mi
tumba y viendo a la gran bola de fuego caer, el ave abrió las alas y
echó a volar. La perdí de vista rápidamente. Sentí el impacto en el
vientre y en los oídos porque la tierra se sacudió fuerte, retumbando.
Por un momento todo fue claridad, una claridad sobrecogedora y
deliciosa, cercana al arte. Pero luego todo fue oscuridad.
En la escena final de La dolce vita (Federico Fellini, 1960),
rodada en la playa de Passo Oscuro, aparece de pronto un monstruo marino
siendo arrastrado hacia la orilla por un grupo de pescadores. Esta
actividad llama la atención de una pandilla de despreocupados amigos que
se encontraban por ahí luego de una noche de juerga (entre los que se
halla Marcello Rubini – interpretado por Marcello Mastroianni-). Para el
autor Stephen Gundle (Inglaterra, 1956) este es el único símbolo (“una presencia inexplicable e incómoda”)
que utilizó el director italiano para representar en su película el
turbulento caso del asesinato de Wilma Montesi (una chica aparentemente
normal de clase media de 21 años), ocurrido el 9 de abril de 1953 en la
playa de Torvaianica (un pequeño pueblo pesquero, popular entre las
parejas jóvenes, a unos 45 kilómetros de Roma) que se vio envuelto en un
aura de misterio y contradicciones que aún hoy no se han podido aclarar
del todo y que salpicó a muchos personajes influyentes de la clase
política italiana del momento. Entre los más destacados sospechosos
involucrados en el asunto estaban Piero Piccioni, popular músico de jazz
e hijo de un ex ministro de exteriores de la Democracia Cristiana; y
Ugo Montagna, marqués de San Bartolomeo y hombre de turbios negocios,
vinculado a la mafia (“mi patria es mi billetera”, solía decir). Según Wayland Young, escritor y periodista inglés encargado de cubrir el caso para un periódico británico, “el asunto Montesi fue una válvula de escape para las tensiones acumuladas durante la guerra fría”. Poco
a poco y durante el transcurso de varios años, un panorama de
libertinaje (drogas, orgías, prostitución, mafia, dinero fácil,
corrupción, especulación inmobiliaria, etcétera) que se escondía en la
capital italiana (“una Roma de paso y no de raíces, de ambiciones y no de tradiciones”) salió a la luz. “Ya
fuese como negocio, entretenimiento o elemento político, el asunto
Montesi se había convertido en el mayor espectáculo de la década”. Paralelamente, en la Roma glamurosa de los años cincuenta (se le conocía entonces como “la tierra del amor y del romance”,
cuando nació lo que después se conocería como el fenómeno “paparazzi”)
se producía una época espectacular en el cine italiano. Directores,
actrices, actores y artistas de todo el mundo sucumbían ante los
encantos del espíritu de la ciudad. Pasaron por ahí nombres como Tyrone
Power, Elizabeth Taylor, Ava Gardner, Ingrid Bergman (que dejó a su
marido para casarse con el director Roberto Rossellini) y por supuesto “la reina de la noche”, Anita Ekberg, “la mujer más deseada de Roma, la chica de las fantasías de cualquier heterosexual”,
que se convirtió en un ícono del siglo XX por su mítico baño en la
Fontana de Trevi. Toda esa “dulce vida” llena placeres y desenfado
generacional que podían vivir unos pocos privilegiados y que soñaba e
ilusionaba el resto de la sociedad italiana/europea aquejada por la
postguerra, se vio magistralmente retratada por Fellini ya que su
película “no fue una investigación de un mundo corrupto sino una
asombrosa celebración visual de una Roma en pleno cambio en la que se
mezclaba una veta de moralismo y nostalgia”.La muerte y la Dolce Vita
(editado por Seix Barral, 2012) se trata de un estupendo libro
rigurosamente documental que sin embargo se lee como si fuera una
emocionante novela policiaca y de misterio compuesta de interesantes
giros dramáticos. Muy probablemente nunca se vaya a saber toda la verdad
sobre el caso Montesi, pero desde la distancia ha pasado “a ser
recordado como una extraordinaria manifestación del poder de la prensa y
de la opinión pública, que iba más allá de los límites de lo que se
consideraba razonable”.
Entrada original publicada en Revés Online el día 20 de mayo del 2012.
Con el ojo puesto en las elecciones presidenciales de
México este primero de julio del 2012, la ciudadanía, el país entero, se ve
envuelta en una vorágine de agitación social en la que parece ser que, “como en
la guerra y en el amor”, todo vale.
Hemos estado comprobando a lo largo de los últimos años
que para que la ciudadanía exija una democracia real, transparente, propositiva
y en la que todos participemos, es imprescindible difundir y contrastar la
mayor y diversa información posible de lo que ocurre día a día en los pueblos y
en el mundo entero. Sabemos de sobra (creo que no hará falta profundizar en esto)
que la información que se transmite desde los medios masivos de comunicación
(principalmente Televisa y TV Azteca) está filtrada bajo dos criterios: la
manipulación (es decir, el aprovechamiento de la ignorancia de los ciudadanos)
y los intereses particulares (aunque no lo parezca a simple vista, en realidad no
hay objetividad de parte de estos medios).
Es por esto que es de vital importancia divulgar aquella
información que jamás se transmitirá en las grandes cadenas de televisión. Aquí
particularmente pregonaré cuatro documentales que encuentran su eje alrededor
de Andrés Manuel López Obrador, candidato de izquierdas por la presidencia y
polémica figura en la historia política reciente de nuestro país.
Personalmente creo que el visionado de estos documentos ha
sido pobremente transmitido (a pesar de que se pueden ver directamente en la
red); como dato superfluo, “Fraude: México 2006”, el documental con más proyección
comercial de los cuatro que se tratan aquí, apenas cuenta (a día de hoy:
20/05/2012) con 73 votos en el Filmaffinity (a nivel hispanoamericano) y 318 en
IMDB (a nivel global). Una cifra
miserable para un país con unos 120 millones de habitantes.
No intento yo con esto convencer a nadie de nada. Mi
único objetivo es, como ya digo, divulgar estos documentos. Cada quien puede
sacar sus propias conclusiones.
Eso sí, no creo que nadie con un mínimo de consciencia
que haya visto estos documentales asista con una actitud indiferente a las
urnas este próximo 1° de julio.
¿QUIÉN ES EL SEÑOR
LÓPEZ? Luis Mandoki (2006)
Este documental, dividido en cuatro volúmenes, es, de los
que se hablan aquí, el que más se centra directamente en la figura de Andrés
Manuel López Obrador. Se nos muestra parte de sus orígenes (desde su nacimiento
en Tepetitán, municipio de Macuspana, en el estado de Tabasco), y su trayectoria
personal y profesional.
El primer volumen se enfoca básicamente en dos
conflictos: el pleito del paraje de San Juan en el 2004 (una argucia entre
particulares y algunos miembros del gobierno del Distrito Federal para sacar
beneficio de un terreno que supuestamente pertenecía a un propietario y no al
gobierno, en la que López Obrador no sólo se negó a ser cómplice sino que terminó
desenmascarando todos los engaños) y el famoso caso de los videos de corrupción
entre Carlos Ahumada, René Bejarano y Gustavo Ponce Meléndez, en el que se intentó
vincular a AMLO para desacreditarlo como político pero que al final se quedó en
nada porque Obrador, según sus propias palabras, no establece relaciones de
complicidad con nadie.
El segundo volumen
exhibe la evolución del sinuoso procedimiento de la intentona de desafuero en
contra de López Obrador.
El tercer volumen examina
el uso político del término “populismo” como un arma para descalificar a Andrés
Manuel López Obrador en su lucha por la presidencia de México.
En el cuarto y último,
AMLO analiza las irregularidades cometidas antes, durante y después del proceso
electoral del 2 de julio.
Volumen 1.
Volumen 2.
Volumen 3.
Volumen 4.
FRAUDE: MÉXICO
2006. Luis Mandoki (2007)
Luego de todo el proceso y las mastodónticas
irregularidades en la lucha por la presidencia en las elecciones del 2006, el
director Luis Mandoki (quien ya se había involucrado con AMLO en el anterior
documental) decide recoger y recopilar todo el material que encontró pertinente
sobre lo que hoy ya es un hecho: el fraude electoral en favor de Felipe
Calderón.
Musicalizado con una excelente elección de obras de
Beethoven, Brahms, Arturo Márquez y Juan Sebastián Llach (sic), el documental
coloca reflectores a aquello que se nos ha querido ocultar: los invisibles
hilos del PRI y del PAN para eliminar a AMLO de la política, el intento de
desafuero en el 2005, el caso Bejarano-Ahumada, la campaña sucia en contra del tabasqueño
(aquello de que era “un peligro para México”), su supuesta vinculación con
figuras autoritarias como Fidel Castro o Hugo Chávez (“ahuyentará la inversión
de las empresas extranjeras”, decían sus enemigos), el pacto entre Elba Esther
Gordillo y el PAN (ya tan sólo vale la pena mirar el documental para burlarse
del horrible e inverosímil peinado de “la maestra”), el proceso del fraude
electoral en sí, y el plantón tras las elecciones en pleno centro del D.F. bajo
aquella consigna que decía “voto por voto, casilla por casilla”.
Una soberbia investigación que finaliza con el
planteamiento de lo que luego se convertiría en el Movimiento de Regeneración
Nacional (MORENA).
0.56% ¿QUÉ LE PASÓ
A MÉXICO? Lorenzo Hagerman (2010)
El inicio del documental es brutal y desalentador: a 53
horas de que Felipe Calderón tome protesta como presidente de México, diputados
y diputadas en la Cámara participan en una lucha en la que literalmente se
machacan unos a otros. Así, en medio de un ambiente hostil, FeCal y sus
allegados sonríen para las cámaras como si no estuviera pasando nada.
El nombre de este largometraje se toma en alusión al
porcentaje en que se redujo la ventaja de Calderón sobre AMLO cuando, bajo una
inmensa presión social, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación (TEPJF) decide recontar los votos de sólo el 9% de las casillas.
Figuras clave alrededor de AMLO (Elena Poniatowska, José
María Pérez Gay, José Agustín Ortiz Pinchetti, entre tantos otros) ofrecen su testimonio
de uno de los procesos históricos más agitados de nuestro país.
DE LA BARBARIE A
LA ESPERANZA. Jesús Ramírez Cuevas y Carlos Salces (2011)
Narrado por Damián Alcázar, este documental hace a un
lado a AMLO como figura principal para exhibir un panorama más amplio y global
sobre los principales y más grandes problemas que tiene que enfrentar México
como país, si es que quiere salir adelante.
Basado en el libro “La mafia que se adueñó de México” de
López Obrador, el largometraje va desgajando de manera muy pedagógica temas
centrales para entender la problemática actual de nuestro país: Carlos Salinas
de Gortari (“el peor robo de la historia”), el modelo neoliberal (un sistema
que en México ha sido sinónimo de saqueo, abandono y corrupción), la oligarquía,
la devastación social y ambiental, etcétera.
De manera escabrosa se nos advierte de que el gobierno de
los últimos 30 años ha buscado recuperar de manera sistemática y cautelosa las
condiciones laborales y sociales del siglo XIX.
Se reivindica el modelo social de algunas comunidades
indígenas de México, que actúan por el bien de todos y no por el de unos pocos.
Uno de los grandes atractivos de este trabajo son las
acertadas reflexiones del escritor Paco Ignacio Taibo Segundo II, que, entre
otras cavilaciones, enlista los tres momentos en que se ha manifestado más la
resistencia en México: la insurrección electoral cardenista, el movimiento armado
zapatista y el movimiento pacífico lopezobradorista.
El autor nacido en Asturias lamenta que “lo peor de
México está impulsando a Enrique Peña Nieto”.
Documento limpio y accesible que enfatiza la sentencia de
que el que vende a México no es mexicano.
Entrada original para Revés Online el día 9 de abril del 2012.
Fundación Juan March. 27 de marzo del 2012.
A pesar de que confundió a sus seguidores en Twitter escribiendo erróneamente el inicio de su conferencia en la Fundación Juan March de Madrid, el escritor mexicano Jorge Volpi inició puntual a la hora oficial (19:30) una charla, con un aforo a medias, que tituló “Yo soy ella. La novela como experimento mental”, en la que reflexionó, desde un punto de vista literario, psicoanalítico y científico, acerca del poder que tienen las novelas para hacernos experimentar otras vidas, para probarnos en otros ambientes, para sentir nuevas emociones y para descubrir las múltiples personalidades que alberga cada uno. }
A lo largo de su intervención, subrayó que una novela no se debe de interpretar como un entretenimiento superficial, sino como un proceso de aprendizaje y como un espacio que nos permite convertirnos en otros.
Explicó elementos claves para entender la mente humana, a la que calificó como “una máquina que hace futuros para saber actuar en consecuencia”, y, en ese sentido, concluyó que las novelas literarias son una transformación cultural de esa capacidad. Definió al “yo” como “un conjunto de ideas que se ven a sí mismas” y matizó que cada uno vive o trata de vivir la mejor versión de sí mismo (“yo soy mi mejor novela”).
También habló sobre el concepto de lo que se conoce como “Zombie filosófico”, idea que concibe que uno es sólo consciente de su propia consciencia y no la de los demás. Como ejemplo, bromeó sobre que nosotros, el público, podríamos ser zombies filosóficos en potencia y que él en ese momento era el único en todo el fórum que no lo era porque estaba consciente de su propia consciencia y no la de nosotros. Se río, pero, al parecer, al público no le hizo gracia su comentario porque como respuesta obtuvo murmullos que sonaron negativos.
En la primera parte de la conferencia no se despegó del atril y no dejaba de mover sus manos y de acomodarse las mangas de su saco negro, como si estuviera nervioso o se sintiera inseguro. Pero poco a poco fue adoptando un timbre, un tono y unos tics de profesor (a veces nos hablaba como si fuésemos unos alelados) que le serán familiares (ha declarado a diversas entrevistas que lo que más le gusta es dar clases y escribir) y consiguió transmitir naturalidad a partir de ahí. Ya con un aire resuelto, se paseó por la tarima y citó a Octavio Paz (lógico, Volpi es descendiente literario directo, después de Carlos Fuentes, de nuestro único Nobel) y a Gustave Flaubert (pronunciando su nombre con un marcado acento, signo de los años que vivió en París).
Enlazó la conferencia con el contenido de su última novela recién publicada, “La tejedora de sombras”, ganadora del Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica 2012. En ella, Jorge Volpi se mete en la piel y en la mente de Christiana Morgan, una mujer adelantada a su tiempo que luchó, desde el estudio del psicoanálisis, para liberarse de los patrones masculinos que la dominaban. Fue amante del también psicólogo Henry Murray, y alumna de Carl Gustav Jung (fundador de la escuela de psicología analítica y autor de “El libro rojo” y “Siete sermones a los muertos”), que la consideró como la manifestación perfecta de lo femenino cuya función consistía en actuar como una musa de los grandes hombres, y le llegó incluso a espetar que las mujeres sólo tenían dos opciones: criar niños o criar hombres.
Sin tanda de preguntas (decisión que encontré adecuada), Jorge Volpi finalizó acertadamente su intervención concluyendo que “aprendemos sobre nosotros mismos sometiéndonos a otros escenarios. Por tanto, las novelas nos hacen más complejos y más humanos”.
Para escuchar la conferencia completa, pincha aquí.
(Actualmente, durante el verano del 2012, volví a Facebook, luego de año y medio sin aparecerme por ahí, sobre todo para estar más atento a lo que les pasa a mis amigos que están lejos de Madrid. Mantengo esta entrada como recuerdo de lo que escribí).
Ahora que he decidido salirme de Facebook por distintas razones he estado eliminando toda la actividad que ejercí durante cerca de tres años en esa red social. Fue durante la “limpieza” de mi muro cuando se me ocurrió recopilar todas mis paridas y presentar en una entrada de este blog las 25 más polémicas, más graciosas, más comentadas, más sentidas y profundas, más vapuleadas e insultadas, más aplaudidas, más reflexivas, o las que, simplemente, me gustaban más.
Muchas quedaron fuera. Algunas presentadas aquí van acompañadas de enlaces que se adjuntaron a la actualización original que hacen referencia al texto, y otras llevan en letra cursiva pequeñas aclaraciones a posteriori.
Nada más que explicar. Disfruten la entrada, coméntenla si les apetece y nos seguimos leyendo. Ya no en el Facebook pero sí por otras frecuencias.
25.- Anoche que fui al concierto de Single + Astrud recolecté la siguiente info: 4 de cada 10 asistentes usaban gafas. De esos, 8 de cada 10 eran de pasta. De esos, 1 de cada 10 realmente las necesita para ver bien.Eso es todo por hoy de parte del Departamento de Datos y Estadísticas. 12 de marzo 2011.
Sobre el insolente gafapastismo indie y cultureta.
24.- Propongo un brindis por el aceite de oliva, que nos ha acompañado en tantas comilonas. Más que nuestras madres o nuestros hermanos, hijos o amigos, incluso. 10 de junio 2010.
No obstante luego propuse otro brindis que desató la furia de los mortales y de algunos dioses porque se me vino una gorda encima, amigos, conocidos y extraños insultándome (aunque debo de aceptar que no enfoqué adecuadamente lo que quería transmitir): “Quisiera proponer un brindis por el Mundo Antiguo: los egipcios, los romanos, etcétera, pero sobre todo los griegos. Por el conocimiento que nos han heredado.¡Qué daño le han hecho al mundo las religiones! ¡Qué daño han hecho Alá, Jesucristo y los judíos!Las religiones son un insulto a la Inteligencia y al Conocimiento de la Humanidad.Que se pudran en su propia ignorancia. 22 de julio 2010.
23.- Es curioso porque vivimos en un mundo donde todo un pueblo sale a festejar la muerte de un individuo como si hubieran ganado la Copa del Mundo y en cambio se demoniza al torero por ejercer un arte y mantener viva una tradición (casi mitológica). Mayo 2011.
Me referí, claro, a la muerte de Osama Bin Laden y a los estadounidenses. Por supuesto, la gente fue contra mí por defender la tauromaquia. No fue la única vez que expresé mi aceptación a la fiesta taurina, también lo hice cuando los toros se prohibieron en Cataluña: “Hay mil aspectos más importantes que prohibir, o leyes que actualizar, o derogados que perfeccionar, que prohibir las corridas de toros.A veces parece que la humanidad se preocupa mucho más de otras cosas que de los humanos. De cualquier manera lo importante no es prohibir, sino sensibilizar.Y para eso no hay Tribunal”. 28 de julio 2010.
22.- Lo peor de todo es que hoy [15 de septiembre, día de la Independencia de México] habrá muchos mexicanos,especialmente los jóvenes, que saldrán a festejar (es decir, a embrutecerse de alcoholcomo cualquier otro puto día, pero a lo bestia) y berrearán “¡Viva México!” cincuenta veces porlo menos, y se comportarán como si en el país no estuviera pasando nada. Precisamente es esa inconsciencia la que ha hecho loque México hoy es: un país problemático,pobre, corrupto, violento, caótico, desordenado. Un Estado fallido, una democraciapatética.Pero los mexicanos se lo toman a risa. En ese país serecurre al humor como un alcohólico recurre a la botella, para transformar larealidad para que así no duela tanto.Desde hace muchos meses que decidí no participar ningunaotra vez en mi vida en ningún evento patriótico. Cualquier derrochenacionalista es negativo porque lo único que fomenta es la intolerancia y la barbarie.Esto no significa que no quiera a México. Sí quiero a mipaís pero estoy sumamente cabreado con él. Me repugna el conformismo de México,el conformismo del mexicano (y en esto me incluyo yo mismo). Me repugna laignorancia y la exaltación de los símbolos patrios, que poco realmente hanhecho por nosotros como personas. Me repugnan la mayoría de los “Héroes Patrios”porque lo único medianamente relevante que hicieron en sus vidas fue matar aotras personas para quitarles el poder y tenerlo ellos.Lo mejor que se puede hacer para celebrar a México estanoche que se festeja el Bicentenario de Independencia, y cualquier día, esacercarse a la obra de aquellos mexicanos que le han dado identidad a lanación, es decir, sus poetas, sus músicos, sus pintores, sus escritores, susfilósofos, sus pensadores, sus humanistas, sus científicos, y en suma todos loscreadores y mentes y almas inquietas.Yo, por lo personal, escucharé esta noche a mi mexicano favorito: Silvestre Revueltas. 15 de septiembre 2010.
Silvestre Revueltas – Música para charlar. (Audio. 13:57)
21.- Hay gente, por demás ignorante (ignorantísima diría yo), que dice cosas como "en España la música que se hace es malísima". En México me pasa lo mismo, no saben las veces que he tenido que aguantar a gente decir "el cine mexicano es malísimo; el rock mexicano es una mierda". ¡Pues eso es porque no saben buscar y ni siquiera tienen criterio para hacerlo, mamones! Los prejuicios, la ignorancia y el autodesprecio por nuestra propia cultura (rasgo típico de Hispanoamérica) le ha hecho mucho daño a nuestros artistas que sí valen (y a nuestra autoestima como nación, claro). En España se ha hecho, se hace (y se hará) música cojonuda (al igual que en México). Otra cosa es que algunos energúmenos piensen (porque se quieren hacer los que saben mucho, rasgo común en los ignorantes) que la música en inglés es la superior al resto.En Hispanoamérica SÍ se hace música cojonuda. 30 de noviembre 2010.
¡Ole ahí!
20.- Yo creo que estoy pagando algo de mi vida anterior porque tan sólo por tomarme 1 litro de Mahou en mi casa, 1 tercio en un bar mexicano, 1 brandy en un bareto de viejos, 3 latas de 330 cl de Mahou en la calle, 4 cañas en un bar cualquiera y una Sapporo y media en un japonés, me desperté temblando, con un tractor por cabeza, peleándome con Godzilla en el baño, con lapresión baja, con las manos y la cabeza hormigueándome, y lo peor de todo: con asco a la cerveza... 10 de noviembre 2009.
Mis amigos son los que me hacen beber. Lo juro.
19.- Soy del Real Madrid por respeto a mi infancia porque ese ha sido más o menos el equipo que siempre he seguido. Soy del Atlético de Madrid porque cuando llegué a la ciudad me di cuenta de que es el equipo del pueblo trabajador de Madrid. Y soy del Rayo Vallecano porque el barrio de Vallecas es uno de mis favoritos de la ciudad.Qué puedo hacer. Me gusta Madrid. 21 de abril 2011.
Sobre mis preferencias futbolísticas.
18.- En un momento lúcido de la noche me pregunté: “¿Cuántas veces ya se habrá usado la revista Rockdelux como soporte para hacerse un porro?”. 23 de septiembre 2009.
Yo, desde luego, la he usado muchísimas veces.
17.- Tengo “2666” de Roberto Bolaño en el borde de mi cama, abierto por la mitad como si fuera una biblia, y de cuando en cuando me acerco y leo un poco. Como ya voy por la parte de los crímenes de Santa Teresa (Ciudad Juárez) me pongo muy nervioso porque aquello es como un hoyo negro. Un hoyo negro muy triste y espantoso. Si leo demasiadas páginas me agobio mucho y por las noches tengo pesadillas y pensamientos muy oscuros (ya van tres días seguidos). Por eso tengo “2666” en el borde de mi cama, abierto por la mitad, como si fuera una biblia, para leerlo de a poco, para que entre despacio pero armónicamente. Aunque en vez de buscar consuelo como la mayoría de los cristianos la buscan en su libro, yo busco una respuesta ante tanta maldad. ¿Por qué los humanos pueden ser tan horribles? 29 de diciembre 2010.
Porque el ser humano es una especie corrupta y envenenada por defecto.
16.- Los usuarios de Mac no tienen ni idea de lo que tenemos que sufrir los usuarios de Windows. Yo una vez tenía una novia que usaba Mac y jamás logramos entendernos. Lo único bueno que le veo a todo esto es que Windows nos está entrenando para ser extremadamente pacientes. Si algún día tenemos hijos será pan comido a comparación de esto. Buen inicio de semana a todos, menos a los fachas. 14 de marzo 2011.
A los fachas ni el agua.
15.- Qué delicia salir de la sala de cine y que la ciudad ya esté a oscuras, es como si la proyección no hubiera acabado en los créditos. 12 de noviembre 2009.
Así la magia no acaba tan rápido.
14.- A mí lo único que me preocupa del feminismo es que se convierta en algo que ya parece inminente: el femininazismo. Que es exactamente igual que el machismo pero con otro aparato reproductor. 8 de marzo 2011.
¡Vaya lío se montó con las femininazistas!
13.- A 24 años de existencia sigo pensando que lo más rentable es el suicidio. La de problemas y deudas que uno se ahorra de golpe. 26 de enero 2011.
¡Lo es!
12.-¡Si me traen un kebab de cordero a mi casa yo les regalo un ejemplar de mi novela! 15 de julio 2009.
Siendo estudiante extranjero se pasa hambre. Por eso nadie puede decirme que no haya hecho lo propio en su momento por tratar de que se leyera mi primera novela, “El Leviatán o la diosa de la lujuria”. Luego, un día que me sentía más triste, lo volví a intentar: “Por favor, que alguien me dispare, le regalo un ejemplar de la novela a cambio”. 30 de septiembre 2009.
11.- Ha pasado lo que más me temía: anoche la policía me detuvo y me pidió los papeles, como no los tenía me llevaron a comisaría. Ahí comprobaron que no estoy en el registro y han decidido deportarme esta tarde. Siento despedirme de todos de manera tan abrupta pero no me queda más remedio. ¡Un gusto conocer a todos los que conocí en España!
¡Santo inocente que te dejaste engañar! ¡Feliz 28 de diciembre! 28 de diciembre 2010.
Una pequeña bromita que me consta que algunos sí se la creyeron por un momento. Jua jua jua…
10.- Esta Navidad he decidido ejercer mi ateísmo y he rechazado un par de invitaciones para cenar con los amigos. Este año he apostado por la soledad y el silencio. Sí, vale, me pierdo deliciosas cenas y uno que otro regalo, ¿pero qué más da? Algunos dirán “Uy, qué radical”, ó “qué amargado”. Pues no, simplemente quiero ser coherente conmigo mismo. Otros más compresivos dirán “bueno, es cultural”. Y yo les diría que pues sí, es un poco cultural, pero también es cultural maltratar a las mujeres en los países musulmanes y no por eso, yo si me encuentro alguna vez ahí, lo voy a hacer. Dehecho se me ha ocurrido un plan mucho mejor que participar en el espíritu navideño: mañana por la mañana iré a correr por Madrid, que estará especialmente desolada, que estará especialmente callada. Una oportunidad para admirar Madrid como pocos la han admirado. Cojones, ¡VIVA EL ATEISMO, COÑO! 25 de diciembre 2010.
Me considero un ateo militante, y esto que dije no fue lo único que expresé al respecto de las cualidades de los no creyentes. Por ejemplo, por citar algunas otras: “Siempre he pensado que los ateos (en general) somos mucho mejor personas que los religiosos por la sencilla razón de que nosotros hacemos las cosas bien (o tratamos de hacerlas) motivados por el sentido común y no por una "recompensa divina". 5 marzo 2010. “Qué alivio ser ateo: no tengo miedos más allá de esta vida”.28 de julio 2009. “¿Qué infantil es creer en dioses, no? Es como si jugáramos a las escondidillas”. 17 de julio 2009.“No creas en dios, mejor cree en ti”. 30 de enero 2009.
9.- El último vídeo que grabó Queen con Freddie Mercury a escasos meses de que muriera consumido por el sida es “These are the days of our lives”. Fue filmado en blanco y negro para camuflar su ya pálida piel, su cuerpo delgado y quebrantable,y la cara huesuda que la enfermedad no hacía más que demacrar gradualmente. No obstante, la belleza de su alma estaba intacta. Así se van los grandes: libres y solemnes, iluminándonos con un aria a la vida. 30 de enero 2009.
Muchas veces en el Facebook hablé de música y de vídeos musicales, pero esta fue una de las mejores pequeñas descripciones que hice sobre uno de los mejores cantantes de la historia.
Queen – These are the days of our lives. (Vídeo. 4:06)
8.-Mexicano serio y responsable, con papeles, se ofrece para charlar sobre filosofía y otros temas metafísicos. Precio por hora a convenir. 6 de abril 2011.
No sólo esa vez ofrecí mis (in)útiles servicios y conocimientos, sino también un poco después: “Mexicano, serio y responsable, busca otros melómanos para hacer música. No sabe tocar bien ningún instrumento ni componer. No sabe sintetizar las letras ni cantar. No tiene carisma ni actitud. No tiene dinero ni una Mac. Sólo tiene un bajo constantemente desafinado... Informes aquí.” 18 de abril 2011.
7.- Anoche Lady Gaga llenó 15 mil personas en el Palacio de los Deportes de Madrid. En ese mismo momento, a unos 15 minutos en coche (más o menos, depende del tráfico) en la Clínica de la Luz, la mente de Enrique Morente se apagaba lentamente.Esto es un fiel reflejo de los tiempos que corren:Mientras el cante puro, la música del alma y sin pretensiones (mas que la de perfeccionar el arte) se muere en la intimidad, en una sala silenciosa de hospital, la superficialidad de una pedorra de mierda que no le ofrece absolutamente nada a la música se impone en una de las salas donde tocan los top mainstream. ¡Asco! 13 de diciembre 2010.
Tan sólo unos dos meses antes de que muriera el maestro Morente escribí en el Facebook también algo que me lamento ahora. No pude verlo en directo: “Esto sí es cante jondo y no chingaderas. Me encanta la acústica del sitio donde se grabó esto.Por cierto, el próximo sábado actúa Enrique Morente en Madrid y gratis. Es uno de esos personajes que quiero ver, por el puro afán de comprobar que sí existe en la vida real y es humano como yo”. 20 de octubre 2010. En esta entrada estaba hablando de un tema llamado “Alegrías ‘Grande Locura’” que se puede escuchar en su disco “Morente Flamenco (En Directo)” (2009, Universal Music Spain).
6.- Dentro de las Actividades del Congreso Estatal de Astronomía de la Universidad Complutense de Madrid asistí a la conferencia de Carlos Silvestre Frenk, físico británico-mexicano (de esos mexicanos que valen la pena celebrar) que habló sobre los últimos descubrimientos del origen del Universo.Muchas veces he asistido a este tipo de conferencias porque me emociona escuchar lo que tienen que decir aquellos que le dedican todo su tiempo a la búsqueda de la verdad sobre la gran pregunta de la humanidad: ¿Qué demonios es el Universo?Sin embargo, no importa qué pase, siempre salgo deprimido de esas conferencias porque a cada paso que da el pensamiento humano se descubren otras mil incógnitas a resolver.Lo más probable es que tú y yo y los nietos de los nietos de nuestros bisnietos nos vayamos a morir sin saber qué carajo es el Universo.Pero esto no tendría, en realidad, por qué desanimarnos. Siempre hay que ir detrás de la verdad, no importa lo difícil que se nos planteen los problemas a resolver. 17 de septiembre 2010.
¿Llegaremos a descubrir las respuestas? No lo sé…
5.- Paso muchas horas al día imaginando o soñando despierto. Quizá pase más tiempo haciendo eso de lo que debería. Quizá por eso se me haga muy difícil adaptarme a la vida normal. Quizá por eso soy un muerto de hambre, porque vivo más en el mundo fantástico que en el mundo realista y en vez de ponerme a trabajar, imagino situaciones, sensaciones y otros mundos. Quizá tenga algún desequilibrio químico, quizá, no me sorprendería. Quizá el mismo Stockhausen tuviera un desequilibrio químico porque concebir música como la que concebía este hombre no es normal, es de una asombrosa capacidad ilusoria, sonora y sensitiva. A veces, cuando sueño despierto, me imagino las secuencias audiovisuales de una película que se está construyendo en mi cabeza poco a poco y que no sé si algún día lo voy a poder materializar. Es curioso, la música de Stockhausen es un elemento recurrente cuando reflexiono sobre la banda sonora ideal. Stockhausen siempre acompaña una serie de imágenes que cada vez son más concretas. No sé muy bien por qué él, aún no lo descubro, pero estoy en ello. La obra de “Japan” me viene ahora mismo a la mente, por poner un ejemplo. 11 de diciembre 2010.
Tengo un disco doble de Karlheinz Stockhausen donde viene este tema de “Japan”. Es un disco que disfruto mucho y que repito constantemente, sobre todo por las noches. E imagino…
4.- Últimamente no me apetece escribir, de hecho no me apetece gran cosa la verdad. Hoy vi el polvo que hay sobre la libreta donde estoy escribiendo “Las Colonias” y me dio mucha penita. No sé qué hacer para motivarme y continuar con el buen ritmo que llevaba. Me da mucha pereza hacer el esfuerzo de escribir, es sentimentalmente muy cansado...Últimamente tengo una pila de cosas que hacer todas las mañanas, pero me convenzo para dejarlas hasta después de comer porque no tengo ganas.Y luego pienso: "Voy a pegarme una siesta después, me lo merezco, que habrá que descansar alguna vez un día de estos".Me despierto y hay alguien al lado y no tengo ni idea de quién es. Será el fantasma de la muerte que me sigue.Empiezo a escribir una letra de esas como las de Grupo de Expertos Solynieve, y me fumo un petardo, aprovechando que me regalaron costo hace poco, para ver si me viene algo bueno.Esta canción voy a dejarla porque me la estoy apropiando. A ver si nos vemos por ahí alguna vez y os convido a algo. O si no pídeme lo que quieras, no podría decirte que no.Es curioso, tengo un amigo en Murcia que dice que a él ni le va ni le viene, que cada uno tiene que hacer lo que le parece.Tengo una pila de cosas que hacer y las voy dejando de un día pa' otro,pero ahora caigo en la cuenta que no puedo hacerlo yo todo.Que me meto en una película y no quiero perderme el final y me voy despidiendo de ustedes, ya está bien de tanto trabajar... 5 de octubre 2010.
Grupo de Expertos Solynieve – Una pila de cosas. (Audio. 3:25)
Continuamente, por puro placer y diversión, cambio la letra de algunas canciones que me gustan para adecuarlas a mi ideario personal y/o situación vital en la que me encuentro, como esta, de la banda alternativa de Jota de Los Planetas.
3.- Me gusta mucho cuando un gesto, una imagen, una sensación, un sonido, un olor, un color, y en general cualquier detalle, me hace revivir fantasías de infancia, pubertad o adolescencia. Por ejemplo, el sentimiento que desprende este fragmento de la película “Historias de la Radio” de José Luis Sáenz de Heredia es muy cercano a la imagen fantástica e idealizada que he tenido de España toda mi vida y que aún no se ha agotado en mi imaginación. 2 de octubre 2010.
Gracia Montes - La Romera (Historias de la Radio). (Vídeo. 1:59)
2.- Una tarde de esas que pasé con mi padre cuando él estaba en prisión estuvimos sintonizando la radio, como otros días, en busca de alguna emisora que pudiera acompañar nuestra conversación o nuestro silencio. Para esos días yo ya me había reconciliado con la música mexicana (es decir, mariachi, norteña, corrido, ranchera y etcéteras). Solíamos sintonizar algo que nos apeteciera en ese momento, nunca teníamos un programa en particular que escuchásemos rigorosamente o por costumbre. Si se nos antojaba sintonizábamos las noticias, programas de opinión, partidos de fútbol (a veces preferíamos escuchar los partidos que verlos), radionovelas, y, por supuesto, programas musicales. Fue durante un programa especial de música mexicana (clásica y popular) donde esta canción me marcó. Para ese momento los locutores ya nos habían hablado de muchos autores, géneros, épocas, intérpretes, e incluso, de rasgos músico-sociológicos característicos de la música que se hace en México o por mexicanos. Era el turno de hablar de la música norteña: sus orígenes, sentimientos y principales expositores. Se habló, por supuesto, de Intocable y sus logros musicales. Entonces ocurrió algo que se acercó a la naturaleza cinematográfica. Los locutores en la radio pincharon “Soñador Eterno” y mi padre subió el volumen y se sentó en el filo de la cama. Se quedó serio, impávido, con ese aire que no es de este mundo, que es el aire de los pensativos. No le dije nada y sólo lo observé. Como si yo no estuviera en la habitación, se levantó de la cama, abrió la puerta de su “celda” (que las celdas de México no necesariamente son los barrotes que nos han enseñado toda la vida sino puertas que dan a un patio rodeado de otras tantos “pisos” o “pequeños departamentos”, como si la cárcel fuera una comunidad de vecinos), respiró y exhaló profundamente el aire y expresó una melancolía infinita con ese gesto. Luego cerró la puerta y me dijo, muy compungido, que él era un soñador. Y en sus ojos pude ver el fracaso de los soñadores, el fracaso de esos que apuestan por todo y que, sin embargo, lo pierden estrepitosamente. Yo no le dije nada, y me arrepiento. Me hubiera gustado decirle que no se preocupara, que lo quería mucho, que nuestra vida (la mía y la de mis hermanos) no hubiera sido para nada igual si él no hubiese sido nuestro padre. Que si lo había echado a perder no se lo recriminaríamos, porque sentíamos su amor, y eso era más importante que todo lo demás. Pero en vez de eso me callé, como un estúpido, dejando a mi padre navegando en una melancolía repentina pero intensa, queriendo decirle, más como amigo que como hijo, ¡que yo también, que yo también soy un soñador! 19 de diciembre 2010
1.- La muerte hace poesía cuando nos arrebata a alguien a quien amamos, dejándonos aquí pensando en sus versos. 14 de octubre 2010.
Este pequeño aforismo o sentencia poética lo escribí hace mucho tiempo y siempre me ha gustado. De hecho creo que es de lo mejor que he escrito en mi vida. No lo había publicado en el Facebook hasta la fecha indicada porque justo un día antes, el 13 de octubre del 2010, mi primo Francisco Amezcua Negrete falleció en México con apenas 32 años e inmediatamente vino a mí la frase como una oración maléfica. Fue una muerte especialmente dolorosa para toda mi familia paterna. Un día después escribí una entrada sobre un recuerdo de él. Se puede leer aquí: http://franciscoreflexiones.blogspot.com/2010/10/de-un-mundo-que-se-vuelve-de-acuarela.html