Francisco Negrete nació en la ciudad de Morelia donde ha pasado toda su vida planeando su exilio que acaba de realizar; se fue a Madrid.
Ha sido melómano por muchos años e incluso intentó ser compositor de música clásica en el Conservatorio de las Rosas de su ciudad con resultados terribles.
Su segunda opción es la literatura, rama artística en la que quizá destaca más que en la musical.
Las continuas experiencias estéticas a lo largo de su vida han provocado que fácilmente se aburra de la vida mortal y de la gente que vive en él salvo geniales excepciones.
Actualmente ha terminado su primera novela que lleva por nombre "El Leviatán o la diosa de la lujuria". El Colectivo Artístico de Morelia la ha publicado en la colección de La Tanda. La distribución de la novela ha sufrido algunos problemas, pero de que se puede conseguir, se puede, principalmente en contacto con el mismo autor. Su siguiente novela, "Las Colonias", está y estará en proceso creativo durante, al menos, los dos siguientes años. En abril del 2008 llegó a Madrid, España, donde estudiará Historia del Arte en la Universidad Complutense y donde probablemente radicará hasta que sus huesos envejezcan.
Una nueva colaboración para la revista Revés, "Perdedores" es el tema de esta nueva edición de la revista. Me hubiese gustado profundizar más en el artículo pero el espacio dentro de la publicación es limitado.
Los perdedores, los segundones, los actores secundarios, los que nunca parecen pertenecer a ningún sitio, los que miran la vida tras bambalinas… los que se sientan al final del bus escondidos detrás del asiento delantero, mirando por la ventana u observando alrededor, como si todo el mundo exterior fuese una pantalla de televisión, y lo que les muestra es un panorama ajeno y lejano… los que llegan a casa solos, los que carecen de una figura imponente, los que nunca han tenido liderazgo, los que se tienen que callar cuando alguien los interrumpe, los que ven cómo su mujer sale por la puerta principal con la intención de nunca volver, los que alzan la voz pero ni aún así se les escucha, los que se resignan desde que amanece hasta que anochece… etcétera, etcétera. Esos son nuestros perdedores. Y qué sería del mundo sin ellos, especialmente aquellos que han agudizado su ingenio y sus habilidades manuales exponiéndonos la vida desde la cara B de este LP que llamamos existencia. Personalmente me identifico mucho más con las melodías tan desencantadas que entona Roger Quigley, junto con su banda At Swin Two Birds, en canciones como Wine Destroys The Memory, o con Los Planetas, banda derrotista por excelencia, que con el cabello rubio de Jude Law o la pseudo alternatividad de Johnny Depp, por más fatigados que se encuentren los personajes que han tenido que interpretar. Ni siquiera es envidia, de hecho me caen bien los anteriormente citados, simplemente me resulta difícil sentirme identificado con ellos por el mero hecho de que son entes de fantasía viviendo un canónico “Way of life” francamente ridículo. La vida no es así. Ya lo decía Carlos Reygadas con respecto a su película “Batalla en el cielo”, donde Marcos, un chofer que trabaja para un general, tiene relaciones sexuales con su esposa en una de las escenas. Se trata de dos personajes atípicos para una escena de esta magnitud, es decir, que Marcos no es el típico galán adinerado, aristócrata, con barbilla partida por la mitad. No. Estos son una pareja como tantas otras en el Distrito Federal: gordos, sin grandes rasgos estéticos, apuntando hacia la vejez, luchando día a día para llevar dinero al hogar. El autor comentaba que él se sentía mucho más cercano a esa idea de relaciones sexuales que la que veíamos en Hollywood y sus variaciones, que lo de Angelina Jolie y Brad Pitt desnudándose en la pantalla es lo más anormal del mundo, pero te lo exponen como si fuese lo normal. Si he de escoger algunos personajes que han pasado por el Séptimo Arte prefiero figuras verosímiles como el Bill Murray que ha interpretado a Bob Harris en “Lost in Translation”, actor en decadencia en la media de edad, aburrido de su matrimonio, mirada nostálgica e interpretando More than this de Roxy Music en algún karaoke de Tokyo. O cuando hizo a Don Johnson en Broken Flowers de Jim Jarmush, personaje que nos presenta la imagen típica del soltero recién abandonado por la amante, sin mucho qué hacer por el día, hasta que recibe la carta de una de sus ex novias informándole que tiene un hijo veinteañero que podría estar buscándole. ¿Qué puedo decir de Kevin Spacey encarnando a Lester Burnham en “American Beauty”? Ejecutivo de publicidad de Chicago, padre de familia de una chica “incomprendida”, cuarentón, que ha dejado de hacer el amor con su esposa y que ahora sólo se masturba en la ducha por las mañanas antes ir al trabajo. En “Magnolia” de Paul Thomas Anderson, William H. Macy interpreta a Donnie Smith, personaje que en su niñez era conocido como “Quiz Kid” por haber ganado un programa de concursos de televisión, de preguntas y respuestas, catalogándole el país entero como niño genio. De adulto, habiendo sobrevivido al golpe de un rayo, se dedica humildemente a vender colchones en una cadena de tiendas estadounidense, es homosexual reprimido y está enamorado de un camarero musculoso con frenos en la dentadura, por lo cual, él también se monta unos frenillos alegando que sí los necesita, con la esperanza ingenua de así llamar la atención de su platónico, deduciendo que buscamos algo de nosotros mismos en los demás. En la misma película pero en otro lado de la trama, Phil Parma, interpretado por Philip Seymour Hoffman (quien ya es un maestro encarnando perdedores, véase “Happiness” o “Love Liza”, por citar algunos), es un enfermero a domicilio que, a base de una serie de aventuras y desventuras telefónicas, logra reencontrar a un padre moribundo con su hijo, sin que se le reconozca su esfuerzo en lo más mínimo. Otro que ha sido enmarcado en la pantalla grande es Harvey Pekar, autor de culto del mundo del cómic, quien ha plasmado prácticamente toda su vida en su obra. De la mano de los directores Shari Springer Bermanen y Robert Pulcini y del actor Paul Giamatti, llevan de la vida real al cine al antipático y gruñón Pekar en la película American Splendor. Cansado de la vida en general y de que nada valga la pena, cuando lo deja su segunda esposa remata con una reflexión singular: “ya no me trago todo eso de la madurez, de que lo que no te mata te hace más fuerte. Estoy dispuesto a cambiar algo de madurez por un poco de felicidad”. Me vienen muchos más a la mente ahora mismo: Lucio el Asno de Apuleyo, Los Pixies, Jorge de “A pesar del oscuro silencio” de Volpi, Silvio Silverio de Paco Alcázar, Encolpio de “El Satiricón” de Petronio, Confesiones de invierno de Charly García, los personajes de Edward Hopper, Woody Allen… me podría pasar el día y la noche hablando o escribiendo sobre mis perdedores favoritos, pero se hace tarde y quedé con un amigo para tomar un par de cervezas, nos reiremos y la pasaremos bien, cuando el alcohol nos desinhiba lo suficiente como para contarnos nuestras mayores inquietudes, le diré que una chica me gusta mucho pero que la cosa va a quedar ahí porque esas cosas siempre quedan ahí y me da mucha rabia aceptarlo… no sé ustedes, pero yo me siento un perdedor.
La revista Revés ha pedido a sus colaboradores que hagamos memoria para enlistar los 5 mejores discos de la década que ya se acaba pronto. Sólo cinco discos y con apenas un espacio de unas cuatro líneas para justificarlo... si serán cabrones. Lo que pasa es que habrá varias listas de otros con mucho más oído que el mío. También se le ha pedido a otros expertos que hagan sobre literatura, cine, etc. Yo seré uno de los que se arriesgarán con la música.
Plasmo tal cual he mandado el texto, incluyendo el lindo detalle de colgar tres canciones de cada álbum, excepto en la cuarta posición que serán cinco canciones y que llegando a ese punto se enterarán del por qué.
1.-LOS PLANETAS – LA LEYENDA DEL ESPACIO. (2007)
El definitivo parteaguas de la música hispana. Partiendo del estudio minucioso de las bases de los diferentes palos del flamenco, sumando la ya conocida melancolía y rabia hacia la vida de Los Planetas, los granadinos han creado una obra maestra que tardará en ser olvidada lo que tarde el espacio en extinguirse. Dolor, Fuerza Cósmica, Despecho, Oscuridad, Soledad…
2.- RADIOHEAD – KID A. (2000)
El sonido del siglo XXI por excelencia. Es, hasta ahora, el punto más alto del “cómo enternecer la médula del alma, tocando máquinas e instrumentos sintéticos”. Hermetismo y mamihlapinatapai: los vicios del nuevo milenio.
3.- ARCADE FIRE – FUNERAL. (2004)
Aunque en lo personal me gusta más su segundo trabajo, Neon Bible (2007), nadie podrá negar que este fue el debut más alucinante de la década. Letras y arreglos sacados del Tropos Uranos; canciones desgarradoras y extrañamente familiares, con la fuerza y los horizontes paisajísticos de las duras nevadas de Canadá.
Son 5 discos ya los que el sello de Monterrey Happy-fi ha publicado. Su esfuerzo y sus ganas de echar desmadre dan como resultado una obra del género culto. Las bandas mexicanas más arriesgadas y originales de la década se encuentran en estas recopilaciones: She’s a Tease, Pistol Chunky, Niña, La Live Band, Mario*, Goma, Quiero Club, y tantos etcéteras.
Del recopilatorio N°1.-
Del recopilatorio N°2.-
Del recopilatorio N°3.-
Del recopilatorio N°4.-
Del recopilatorio N°5.-
5.- SIGUR RÓS – TAKK… (2005).
Es difícil escoger 5 discos, podría haber estado aquí Animal Collective, The Flaming Lips, Antony & The Johnsons, The Reindeer Section y tantos otros más, pero Takk… es un intento más de los islandeses por expandir su alma alrededor del Universo. Amén.
Mi pequeño aporte al homenaje mundial que se merece este ícono del pop. Hice una versión distinta de ABC de cuando Jacko tocaba con sus hermanos en los Jackson 5. Traté de darle un aire más adulto a la canción y un sonido viejo y lejano, como si fuese una grabación antigua dentro de una bodega o una instalación amplia, donde el sonido rebotase mucho. Cuelgo primero el video, luego la canción original, y al final mi versión.
Esa noche, que recordaremos más por la muerte de Michael Jackson que por otra cosa, estábamos inmersos en unos cuantos estados capitales; esa noche era la sala y nada más; un bunker de complicidad, un fragmento insustituible de la caprichosa eternidad, que sólo comparte sus mieles con los Olímpicos y con alguno que otro mortal esporádico. A los demás sólo nos deja los escombros, que en nuestro caso son suficientes para aferrarse a la vida y sus ocasionales maravillosos momentos.
Mientras sonaba alguna canción de Zimmerman miré hacia la ventana y lo que vi a la altura de mis ojos, horizontalmente, fue una gran estrella brillante y redonda, estática, a unos 40 metros de distancia. El Universo. Impulsivamente, desde donde estaba sentado, estiré mi brazo tratando de alcanzarla pero inmediatamente después me levanté y me acerqué al marco de la ventana… era el único astro brillando aquella noche. Qué pena en una noche como esta en que nuestros sentidos han sido manipulados a razón de drogas, alcohol y reír. Me recargué con los codos y fumé prolongadamente… la mirada fija en ella, un poco encorvado.
Cuando era pequeño, mi madre me decía que cuando saliera la primera estrella de la noche había que pedir un deseo. Y lo hice, pensé en lo único que había estado pensando desde hace días.
Esa solitaria estrella era un pedacito de mi deseo, era mi alma que se expandía. Era como si estuviera sólo al cruzar la calle… tan cerca y tan bella… Y cuando la belleza se acerca mucho puede ser muy abrumador, por eso a los hombres nos cuesta aguantarles la mirada a las mujeres. A veces las mujeres no entienden estas cosas, pero es que es claro, a ellas les es más difícil descubrirse abrumadas ante una belleza manifiesta por el simple hecho de que ellas han vivido siempre dentro de su piel, es decir, ellas mismas son belleza. ¿O acaso dios se sorprende de sí mismo cuando se ve al espejo? No. Sólo se estremece cuando escucha a Schubert y a otros Olímpicos. En fin… es horrendo desear lo imposible.
La luz oscilaba sobre mi rostro; y ya para ese momento re convencido de que mi esencia no pertenece a ese grado de belleza, con los ojos apagados, poco a poco la reminiscencia de la marihuana, y sobre todo las risas de los demás me transportaban, cual melodía encantadora de serpientes, a otro lugar: a la conversación que se desarrollaba a mis espaldas, que cobraba de nuevo el ánimo de minutos pasados.
Ya una vez abandonando toda la pasada introspección, me dediqué a prolongar la noche sonriendo y desmenuzando los enramados más complicados de la vida, y entre trago y trago de cerveza recordábamos al Rey de Pop dedicándole el protagonismo en el iTunes, habían pasado apenas unos 45 minutos de que muriera y ya todo mundo lo sabía…
Jamás me pude percatar que la luz que veía por la ventana no era una estrella ni ningún astro familiar, sino tan sólo el reflejo de alguna televisión de uno de los pisos del edificio vecino… Another day has gone, I'm still all alone, how could this be, you're not here with me… everyday I sit and ask myself how did love slip away, Something whispers in my ear and says that you are not alone, for I am here with you though you're far away, I am here to stay…
Chale, yo no sé si es porque estoy lejos de mi patria, pero últimamente me he partido de risa/asombro analizando la jerga mexicana:
Francisco Negrete IV ((°L°)) Six Feet Under dice: Ay qué rica la mota cuando te duele el corazón, ¿no? Yponerte a escuchar música, es otra onda. ...Ay, cabrón, qué trabajo cuesta mamarse el fondo de la botella a veces.
Shano Da PiuR MeCsicaN EsTaiL dice: Sii we, pero hay una forma de hacer vacío, creo que con popote.
Francisco Negrete IV ((°L°)) Six Feet Under dice: jajajajajajajajajajaja!
Esta es la crónica que aparecerá (quizá en una versión mucho más reducida) publicada en la revista Revés (su blog) de Morelia, México, en un par de meses. Se trata de la semana que dediqué a Los Planetas y que se vio culminada el día 14 de julio cuando éstos se presentaron en Sala Sol en Madrid.
Crónica astronómica.
Lo que pasó del 7 al 14 de julio del 2009 es lo que bautizaré en mi vida como “La Semana Astronómica”. Fueron siete días enloquecedores, dedicados a Los Planetas.
Empezar por el principio y finalizar por el final…
La euforia comenzó cuando me enteré por un anuncio dentro de una revista musical, que mencionaré poco más adelante, que Los Planetas estrenaban recopilatorio, “Principios Básicos de Astronomía”, y que no sería lo que normalmente vemos como recopilatorios, éste traería además un DVD con todos sus videoclips (esto nada fuera de lo común) y un libro-cómic ilustrado por el talentoso Juanjo Sáez, quien desde hace años se dedica a decorar la última página de la especializadísima revista Rockdelux. Juanjo es, como muchos de nosotros, un fan declarado de los granadinos. Bien, hasta ahí ya era “buena nueva”, pero seguí leyendo el promocional. Mis ojos se desorbitaron: “Si eres de los primeros en comprar la Edición Deluxe en la FNAC de Callao podrás asistir a un concierto exclusivo del grupo en Madrid (invitaciones limitadas)”. ¡Madre mía! El anuncio también decía “A la venta el 9 de julio”, vale. Rápidamente encendí el ordenador, consulté todos y cada uno de los sitios web de Los Planetas y de la FNAC. Comprobé que la organización había cometido un error porque se manejaban dos fechas de lanzamiento, el 7 y el 9 de julio. Mandé mail a la FNAC para que me lo explicaran pero jamás respondieron, gracias. Una cosa era segura: sólo había disponibles 250 invitaciones comprando el recopilatorio y una más dentro del blog de Los Planetas en su myspace (myspace.com/losplanetas), donde escribías un texto de máximo tres líneas manifestando lo que Los Planetas significan para ti. El más “creativo” (o el primero que leyeran, al parecer) ganaría la entrada. Yo envié la mía para tener doble oportunidad de ganarme la entrada (o de tener dos si la suerte me hubiese sonreído e invitar a alguna chica guapa, por qué no) y este fue mi mensaje: Una vez escribí en el muro de Los Invisibles y recibí una respuesta que era más o menos así: “Veo que te gustan Los Planetas, eso quiere decir que conoces profundamente el dolor”. Y sí, al escucharlos puedes comprobar lo sensibles que son esos hombres. Nunca me adornarán nada. Sólo será la verdad.
Aclarando*. Los Invisibles son la banda alterna de dos integrantes de Los Planetas, Banin Fraile y Florent Muñoz, junto a Julián Méndez (ex Lori Meyers) y José A. Uribe (también al lado de Matilda y Eskorzo). En resumen, una súper banda. Recomiendo pasionalmente su track “El Vellocino Plateado”, que se puede escuchar en su myspace (myspace.com/losinvisibles) y que para mí ya forma parte de mis joyas musicales.
Sin saber una fecha en específico, investigué a qué hora abre FNAC, 10:00 a.m. El día 7 de julio me desperté inhabitualmente temprano y me encaminé a la tienda. Al llegar ya unas diez personas hacían fila, eran como las 8:45 a.m. A cinco minutos de las diez, ya había poco menos de cien personas en la línea. Puntualmente se abrió el edificio y a las 10:02 se registró mi compra (24.95 €). Observé que había quienes compraban de hasta cuatro. Finalmente me dieron mi entrada y no lo podía creer. Festejé saboreándome una suculenta bocata de jamón y un par de cañas (3 €). Llegué a casa, puse el CD y escuché los 19 familiares tracks, de los cuales sólo el último es inédito, Soy un Pobre Granaíno (colombiana), que es un tema tradicional bellísimo, con unos arreglos en los teclados fantásticos… Una rosa en un rosal es mucha fantasía y el viento y la deshoja ya estará rosa perdía…
A la vez me leía el cómic. Algunas viñetas me parecieron estupendas (ejem: Deberes y Privilegios, Santos que yo te pinté, Segundo Premio…) y otras que no tanto (…Vas a verme por la tele). Luego vi los videoclips. 22. Los cuales ya conocía en su mayoría y que puedo, naturalmente, recomendar algunos (Mis problemas con la justicia, Mil Millones de Veces, Nosotros somos los zíngaros, Alegrías del incendio…) y que, en cambio, otros no tanto (…Dulces sueños, Reunión en la cumbre, No ardieras…) Esto último lo juzgo a partir de su nivel visual-creativo, por los videoclips en sí, no por las canciones, éstas son todas alucinantes. Obviamente después de experimentar todo esto y de volver a palpar por vigésima quinta vez la entrada del concierto, terminé con una sonrisa de gato que hace rato no me salía tan natural. Ahí acababa ese día.
¡Oh, sorpresa!, una amiga me pasó un enlace vía Facebook acerca de una fiesta en el Club Ochoymedio celebrando precisamente el lanzamiento del recopilatorio. Habría una proyección de sus clips, sus hits sonando y siendo mezclados, y “regalos”. Anoté en mi agenda que el viernes 10 de julio estaba apartado para una borrachera astronómica.
Esa noche quedé con un par de amigos en la Plaza de San Ildefonso, cerca del Sideral. Ahí sentados en la plaza, en medio del botellón, nos tomamos dos-que-tres-que-cuatro-que-cinco-que-seis cervecillas (5€). Hablamos de la Odisea de Homero y de lo difícil que ha de ser traducir una obra literaria a otro idioma. Pasando la una de la mañana nos dirigimos al Ochoymedio. Esperamos fuera un rato a que llegaran unas recién conocidas pero nunca se reportaron. A la 1:20 a.m. entramos al club pero se podían contar con la mano las personas que había dentro. Este tipo de sitios son de esos que se llenan a partir de las dos o un poco después. Mientras la cosa se prendía nos compramos una cerveza (5 € c/u…), escuchábamos las rolas de Los Planetas y les hablaba a mis amigos sobre su música; ellos no son fans pero les agrada lo que hacen. Pasando poco de las dos de la mañana, el club estaba a tope. Mujeres inverosímilmente hermosas hacia donde miraras: así es Madrid. El organizador de la fiesta, con micro en mano, vociferó que quien se acercara a la cabina y dijera el nombre de la banda alterna de J se ganaría una camisa. Fácil: Grupo de Expertos Solynieve. Aunque la camisa no me gustó mucho, la tela es muy mala y el estampado tampoco me quita mucho el sueño. Hicieron relevo de pinchadiscos. Ahora le tocaba el turno a un par de catalanes que se hacen llamar a sí mismos Supercola (myspace.com/supercola) y que eran tan tan tan buenos mezclando que hicieron que despegáramos el culo de los asientos y fuéramos a la pista a bailar. Era im-po-si-ble bajar el ritmo, me impresionó su destreza. A eso de las 4:00 a.m., Noé, uno de mis amigos, decidió ir por más cervezas, el problema era que no teníamos efectivo y queríamos saber si nos aceptaban la tarjeta. Regresó, serio. Nos dijo que no aceptaban y se quedó cabizbajo largos minutos. Yo creía que ya se quería ir, de todos modos ya era tarde y estábamos un poco cansados. Sin embargo, su cambio de humor fue radical porque nos la pasábamos genial con esas mezclas, algo raro había pasado. Salimos del club y mientras andábamos por Gran Vía rumbo a nuestros pisos nos contó que cuando se acercó a la barra a preguntar si le aceptaban la tarjeta, la chica de la barra, que estaba sirviendo una copa de vino, le respondió: “¿No ves que estoy ocupada?, por eso odio a los latinos…” Noé se quedó de una pieza y yo también cuando lo relató, sobre todo porque Noé es una de las personas más cuidadosas, respetuosas y consideradas que he conocido en mi vida… eso nos bajó el ánimo y regresamos tristes a casa.
Desde ese día hasta la fecha del concierto no hice demasiado más que escuchar mucho más de lo habitual a Los Planetas, descubriendo y redescubriendo elementos en su música; desmenuzando cada canción; interiorizando cada acorde; sobrio, borracho y fumado.
La noche anterior al concierto ya estaba perfectamente consciente que la experiencia que me aguardaba iba a ser como cuando probé por primera vez la marihuana: sabía que no volvería a ser el mismo.
14 de julio del 2009. Un día especial, sí. Por la mañana eché un vistazo al buzón y me encontré con una carta que me mandó mi padre. La leí toda de un tirón y no pude contenerme, lloré a moco tendido, como no lo hacía desde hace mucho. No eran malas noticias las que leía, las lágrimas eran por recordar a mi padre y por sentir lo mucho que lo quiero; por haber estado a punto de perderlo cuando hace algunos meses lo operaron de un tumor maligno que tenía en su cabeza, en esa cabeza calva ya, ¡ah, mi viejo! Estar tan lejos y no poder ayudarlo en esos momentos fue muy duro para mí…
Como vengo arrastrando profundas tristezas desde hace tiempo (ya van poco más de dos años), donde el bajo continuo, ese telón de fondo, ha sido la amargura constante, causada por muy diversas raíces. Dentro de este marco amargo he tenido días buenos, normales y malísimos. Precisamente estas últimas semanas me encontraba en la categoría de malísimos: sin dinero, sin ganas de estudiar para mis exámenes finales pero obligado a ello, sin motivaciones, mi vida rutinaria y práctica hecha un desastre, exageradamente solitario, de mal humor, acostándome tardísimo y levantándome aún más, perdiendo el tiempo, sin energía, sin poder vender un puto número de la novela, deseando de nuevo la muerte, sin una mujer para amar, etc. Una continua bajada a los infiernos, infinita, perene. Así que decidí tomar el concierto de Los Planetas como algo simbólico. Como si me coronaran toda esta tristeza… como si me concedieran el título de Príncipe Soliplatiforme, Príncipe de este Mundo. Un buen motivo para comenzar a levantarse, vamos. Por lo tanto, me bañé, me hice una comida como Zeus manda, me abracé, y me sentí tremendamente afortunado de tener esa entrada porque quizá, y muy seguramente, haya muchísima gente que lo merezca más que yo.
Me fui a la Sala Sol en la calle Jardines, pero antes de entrar en la fila me compré una Mahou. Realmente era de los primeros en llegar y me senté a beber y a fumar, faltaba una hora y cuarenta y cinco minutos para que empezara. Durante ese lapso pasaron algunas cosillas: llegaron los de la tv y entrevistaron a algunas personas, preguntaban cosas como “¿qué canción es la que más te gusta y qué recuerdos te trae?, ¿con qué cómic relacionarías a Los Planetas?, ¿de qué planeta crees que vengan ellos?” y otras tarugadas por el estilo. Seguramente como me vieron con cara de pocos amigos ni se molestaron en acercarse, de cualquier manera los hubiera rechazado, no me gustan las entrevistas “rápidas y frescas” para la telebasura. Por ahí se escuchó el rumor de que estaban vendiendo unas entradas en 110 pavos cada una, eso era una locura. Atrás de mí, una pareja comentaba cosas como… “han venido un mogollón de pijos eh”, “me gustaría que tocaran Si me diste la espalda, mola”. Antes de que entráramos salió Erik (batería) y caminó hacia la esquina, todos lo vimos y hubo cuchicheo. Justo después salió J (guitarra y voz) rumbo a la esquina contraria y el chismorreo aumentó de nivel. Se hicieron dos filas, una para gente VIP y otra para mortales. Entramos todos. Algunos se detuvieron a comprar una cerveza pero yo fui directamente a la tarima. Me tocó justo en el centro en la segunda “línea”. El set era pequeñito, iban a tocar muy juntos de otros. Del techo colgaba un sistema solar. Los técnicos de audio iban y venían y el sonido de la sala amenizaba bien la espera, escuchamos incluso My Sweet Lord de George Harrison.
Se apretó. Luces fuera. Griterío. Sobre una pared proyectaron a un pequeño niño rubio, en esa etapa entre bebé e infante, sentado al lado de un ordenador. Al inicio no funcionaba el audio pero rápidamente solucionaron el problema. El pequeñín canturreaba… cada vez que alguno de estos me decía cosas sobre ti… un verano que fue una pesadilla, si me acuerdo me duele todavía… Terminó la canción y al final se cayó de la silla y los lloriqueos brotaron al instante. Fue un peculiar detalle que pareció gustarle a la gente, especialmente las chicas emitieron el clásico “awww”. De hecho si pones “Los Planetas por Rubén-La Playa” en el buscador de Youtube te sale. En fin, cuando acabó la intervención del pequeño Rubén, el Cosmos comenzó a vibrar. Un cántico flamenco, a modo de lamento, se confundía con un muro crudo y oscuro… Los Planetas salían al escenario, se colocaban en sus posiciones y arrancaban sublimemente con un tema aún desconocido para la mayoría, Romance de Juan de Osuna (Romance gitano). Sonido oscuro y directo, versos ácidos (Mi lunita clara, por lo mucho que yo te quería te vas sin volver la cara…) gran inicio, veloz. Y no bajaron el ritmo, Segundo Premio le siguió (Que vengas a explicar que todo ha terminado, que tengas que decir que no me quieres ver…). Uff. Sin tomar aliento continuaron con Un Buen Día (He estado con Erik hasta las seis y nos hemos metido cuatro millones de rayas, y no he vuelto a pensar en ti hasta que he llegado a casa...). Aquí pararon un poco la locomotora. Los Planetas son ese tipo de bandas que no suelen hacerse los chistositos ni los simpáticos para meterse al público al bolsillo, ellos son músicos y tocan música. Esto significa que no suelen hablar entre canción y canción, se dedican a lo suyo. A partir de este instante inicia un bloque de cinco canciones muy introspectivas, tristes e intimistas que comenzó con Corrientes Circulares en el Tiempo (Me quedé dormido un momento y los valles se cambiaron por desiertos, por obra y gracia de el que controla el firmamento…), Nunca me entero de nada (Yo era joven y fuerte entonces y no sabía lo que me esperaba…), en ésta Florent (guitarra) falló un poco, desafinó y su distorsión era muy aguda y con alto volumen, quizá esta interpretación fue la única que no salió del todo bien… aún así, la letra tan bella y el camino por el cual nos iban conduciendo removía la piel y me percaté que entre las parejas que había entre el público se cantaban trozos de la canción mientras se observaban a los ojos, enamorados. De una manera sutil y frágil abordaron los acordes de Ya no me asomo a la reja (No sé si me iré a Ubrique, o me iré a Grazalema. No sé si me iré a Ubrique o a Alcalá de los Gazules o al Alorno que es mi tierra…). A estas alturas ya me sentía devastado, a punto de echarme a llorar cual nenaza sentimental… y en vez de que tocaran algo alegre y confortable al corazón cotinuaron con Si estaba loco por ti (maldita lengua la mía cuando le dijo que sí a quien no lo merecía…). Para rematar este bloque sumamente introvertido y brutalmente sentimental San Juan de la Cruz y sus versos que contagian el vértigo (Pero una vez allí las nubes no nos dejaban ver el suelo y una sensación que tuve fue miedo…). Estos hombres que imaginan esta música tan abrumadora y quienes no pueden evitar que estas palabras tan arraigadas al dolor les salten por ellos de una manera natural sólo pueden ser unos auténticos genios. Músicos que escucharán los bisnietos de los bisnietos de mis bisnietos. Su música será eterna por lo que se les ha concedido contar al mundo, la soledad. Cerrando este ciclo, vino un entremés, Deberes y Privilegios (cediendo bajo la presión, perdiendo el contacto, escondido entre las sombras, contemplando el cuadro…), la cual, en directo, tiene un tono y un ritmillo muy simpático. Al finalizar esta, J nos habló por primera vez, ¡después de diez canciones y partirnos el alma!, y sólo agradeció nuestra presencia y nuestro gusto por su trabajo. Ya sin la guitarra al hombro nos dijo que tocarían un clásico de la banda, Santos que yo te pinté (Yo no tengo la culpa de que te duela el alma…). Excelente interpretación, una afinación perfecta de J y un sonido hermosamente compactado. Se les notaba bastante cómodos durante todo el concierto, encantadores de serpientes. Los conocidísimos acordes iniciales de Devuélveme la pasta siguieron (con lo que está cayendo y no tengo paraguas, el paraguas que tenía te lo di cuando estabas asustada y no parabas de llamarme porque no tenías otro sitio donde ir…). El gusto del chico que estaba detrás de mí en la fila se le cumplió porque Si me diste la espalda ya sonaba a tope (Sale el sol y da contra el cristal. Y si no quebranta el vidrio, qué coño va a quebrantar…). Todavía no finalizaba ésta cuando el alucinante remate de Entre las flores del campo ya se apoderaba del recinto (Y me decía y me juraba que era imposible que me olvidara, pero hace tiempo que me olvidó…). La gente acompañaba a J en casi todos los versos del concierto, si cerraba los ojos y me concentraba podía oír una bruma clara que corría por debajo del todo, yo mismo contribuía a eso. Prosiguieron con otro tema que aún no suena demasiado, titulado Te mereces una corona de estrellas (romeras), que fue muy linda y con un sonido muy apegado a lo que probablemente sea el siguiente álbum que llega el próximo invierno (Y miro la luna que se refleja en sus ojos verdes, cuarto creciente…). Esta canción está disponible en la Banda Sonora de la película La Habitación de Fermat, dirigida por Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña. Las dos ejecuciones que continuaban eran dos singles del La Leyenda del Espacio, Reunión en la cumbre (Se ha reunido el cónclave romano y han decidido que te han excomulgado por lo que vienes diciendo, por lo que vienes contando, las basuras que vienes contando…) y Alegrías del incendio (Cuando tú estás a mi lado parece que estoy ardiendo…), canciones que calentaron la energía del público, que vibraba de un lado a otro, sacudiendo el tórax. Aunque igualmente debo señalar que en la primera de éstas, Miguel (bajo) desafinó un par de notas en un compás y lo hizo notar su rostro. Todas las parejas se dedicaron la de Alegrías por obvias razones. Ya con el corazón latiendo con fuerza, enloquecieron con Pesadilla en el parque de atracciones (Quiero que sepas que me he acostumbrado a tus putas escenas de “ahora me largo”. Lárgate ya de verdad que sería una suerte si no vuelto a verte en los próximos años…). Dijeron gracias mientras se quitaban sus instrumentos y el público totalmente entregado. Era claro y evidente que no los íbamos a dejar ir tan fácil. Insistimos. Volvieron al encore con dos canciones más, lo nuevo nuevo Soy un pobre granaíno, que algunos ya coreábamos como si la conociésemos de toda la vida y la cual fue una ejecución brillante, puede que la mejor del concierto. Banin (teclados y guitarra) fue brutal en toda la ceremonia, muy concentrado siguió las canciones. Finalizaron con algo de sus primeros años, La caja del diablo, canción tan oxidada ya de su repertorio en directo que al mismísimo J se le olvidó la letra a la mitad y, sin parar de tocar, pidió un cantante que le sacara del apuro. Enseguida un chico de las últimas filas se acercó decidido y terminó de cantar el tema, de paso le agradeció por sus vidas a cada uno de ellos, J, Miguel, Florent, Erik y Banin, nombres que quedarán marcados en oro en la historia. El improvisado cantante entre más se acercaba al final de la canción, más quebrada era su voz, hasta que la frase final fue un hilo débil, y con ese gesto nos estremeció a todos (…Cuando vuelvo la mirada, no está ella, ya no hay nada, sólo hay una risa que me hiela el alma. Algo muy difícil de explicar con palabras.) Con los ojos húmedos el chico dejó el micrófono en su sitio y sus amigos y la gente alrededor lo levataron en brazos, era su noche y la de todos nosotros. Ahí acabó el concierto, en una simbiosis entres Los Planetas y nosotros, en esa frase final, eso que es “muy difícil de explicar con palabras”.
La gente contenta se iba desperdigando, unos se fueron inmediatamente, otro no tanto. Yo me quedé a recuperar el aliento y a beberme una cerveza (3.50 €) porque estaba sediento, me recargué en una columna y ahí anduve pensativo y observador, como siempre. Me fumé un par de cigarros y a los pocos minutos Banin salió del camerino a saludar a sus conocidos, yo sólo le dije “salud” con mi cerveza y me respondió el gesto. Luego fue J el segundo en salir, Heineken en mano. Todo mundo le pedía la firma, la foto, y las chicas más audaces hasta el móvil, qué crack. Erik emergió junto a su mujer a tomarse una copa y a charlar con los que venían con ellos. Siguió Florent pero no le vi beber. Miguel nunca salió en todo el tiempo que estuve ahí observando, como buen bajista, es un inadaptado social. Acabé mi cerveza lamentándome de no haberme traído mi cómic para que lo firmaran, no tenía idea que eso iba a pasar. Encima no tengo cámara y cuando la he tenido no la suelo usar, prefiero que la mayoría de mis recuerdos mueran el día en que yo lo haga. Sumando aparte, no me gusta agobiar a la gente y probablemente ya estén hartos de las firmillas y de las fotos… bueno, me conformo con saber que, de vez en cuando, los dioses visitan la tierra.